Una mañana de agosto los animales del bosque decidieron hacer una carrera de sacos. Se apuntaron la pulga, la cigarra, la rana, el conejo blanco y el canguro.
Entre gran expectación, comenzó la competición y con ella las trampas: la rana quiso comer a la cigarra, por lo que fue retirada de la competición; la pulga también, por esconderse en el pelo del canguro; el conejo, por soltar cagarrutas para que comiera la cigarra y se olvidara de la carrera; la cigarra, por hacerle la zancadilla al canguro; y este también, finalmente, pues los jueces descubrieron que llevaba dos muelles en los pies.
Ante el descontento general por el fracaso de la carrera, hicieron una fiesta: la rana y la cigarra pusieron la música; la pulga hizo números de circo; el canguro adornó el bosque con mariquitas y luciérnagas de colores que llevaba en su bolsa y el conejo trajo el postre: zanahorias de su huerta. Así, los animales del bosque les perdonaron las trampas y proclamaron campeones a los cinco.








